viernes, 13 de junio de 2014

Turing, Eugene y la inteligencia o naturalidad y artificialidad

Joaquín Mª Aguirre (UCM)*
En estos días los titulares de la prensa han resaltado la "superación" del llamado "Test de Turing" por parte de una máquina. El Test de Turing es aplicable a cualquier ordenador y es sencillo pues no requiere más que unos humanos que no sean capaces de distinguir si aquel al que interrogan es una máquina o un ser humano. El test, por decirlo así, somos nosotros, filtro por el que ha de pasar la máquina para recibir el certificado de "inteligente". La máquina es interrogada por escrito hasta que nuestro veredicto sea si estamos ante una máquina o un ser humano.
Si hay una definición complicada (muchas lo son) es la de "inteligencia" por dos motivos: primero, porque nos afecta y, en segundo lugar, porque nos usamos como medida para establecer la de otros. El hecho de que sin tener claro lo primero (qué es la inteligencia) podamos establecer lo segundo (el grado de inteligencia animal o artificial) se vuelve entonces problemático en las dos direcciones. Existen muchas definiciones de "inteligencia" manejando múltiples factores, desde biológicos a educativos o ambientales. Por el mismo motivo, existen suficientes discrepancias y desacuerdos en los modelos aceptados por unos u otros. "Inteligencia" no es algo aislado, sino que se demuestra en las formas de actuación o comportamiento. No se es inteligente; se demuestra inteligencia. Por eso no hay que hacerse análisis, sino pasar pruebas o test como el de Turing o de cualquier otro tipo. Eso significa que el tipo de prueba es determinante de los resultados posibles y de las divergencias entre los que diseñan unos y otros, según lo que midan. Una teoría que ponga énfasis en unos aspectos considerándolos claves de la inteligencia, será eso lo que mida. Puede que otros valoren otros distintos y así nos encontramos con esa unidad "teoría-medida" a la que cada uno se adscribe.

El Test de Turing no trata de medir la inteligencia de la máquina. Se limita a señalar que si nosotros somos la medida de todas las cosas, también lo seremos como evaluadores de la inteligencia. No hace falta más prueba que el que no sepamos distinguir si somos humanos o máquinas. Aquí se produce una identidad entre "humano" e "inteligente" que permite a la máquina ser inteligente si parece humana, es decir, si estamos convencidos de ello.
Por eso no acabamos de entender los reparos que algunos ponen a la máquina que ha conseguido ser indistinguible para una parte de los jurados. La máquina se ha desarrollado con un fin, pasar el test, algo que puede ser considerado como "su" objetivo vital de supervivencia. Los esfuerzos de sus programadores no estaban centrados en hacer una "máquina inteligente", sino en hacer una máquina que fuera indistinguible por los jurados:

“Nuestra primera idea -asegura Vladimir Veselov, uno de los programadores de Eugene Goostman- es que él pudiera decir que lo sabía todo, pero su edad hace que el hecho de no saberlo todo sea algo perfectamente razonable. Nos llevó un montón de tiempo desarrollar un personaje con una personalidad que fuera creíble”.
Por supuesto, el éxito de la prueba no ha tardado en suscitar controversias. Algunos expertos han tachado de “exagerado” el anuncio de los organizadores del evento, alegando que los programadores “utilizaron el sentido del humor” y la edad del personaje para que Eugene pudiera confundir a sus examinadores y ocultar sus tendencias no humanas.
Con todo, Eugene Goostman ha logrado convencer a muchos de que nació en Odessa (Ucrania), hace 13 años, de que su padre es ginecólogo y de que tiene a una cobaya por mascota. A lo largo de su existencia, Goostman ha sido sometido al test de Turing en varias ocasiones. Ya estuvo cerca de superarlo en 2001, 2005 y 2008. Y en 2012 logró convencer de su “humanidad” al 29 por ciento de los jueces que le examinaron durante una competición, que ganó contra otros cinco competidores artificiales. [1]


Acertaron los programadores en su estrategia: lo primero no es hacer una máquina muy lista, sino una máquina creíble. Por eso empezaron por fabricarse un personaje —el joven ucraniano de 13 años, Eugene Goostman— y escribirle un guión adecuado. Todos somos hijos de nuestra historia, es decir, estamos moldeados por nuestras experiencias vitales que nos van tallando. Por lo tanto, lo primero que necesitaba "Eugene" era "vida" porque es de esas experiencias de donde deberían salir sus reacciones, sus respuestas  a las preguntas.
Tenemos el prejuicio de que una máquina inteligente es un artefacto lleno de conocimientos. Eso no es más que un deseo de nuestra frustración, una idealización del conocimiento. Una máquina humanamente inteligente es una que se nos asemeja en las limitaciones y formas de reaccionar, por eso el hecho de ser indistinguible es lo que Turing consideró decisivo: si conseguía convencer de que no era una máquina a un 30 por ciento de los examinadores, se podía dar por buena.

En términos de memoria, los ordenadores tienden a acumular información en la memoria "semántica" y en la "procedimental" —datos sobre el mundo y sobre cómo realizar operaciones— porque son las que nos resultan más útiles. Sin embargo, las máquinas carecen de una "memoria episódica", que es la que da unidad y entidad al "yo". La memoria episódica es nuestra propia vida, el recuerdo de acciones, reacciones y emociones, más allá de lo estadístico. Por eso no tiene nada de particular que los programadores de Eugene Goostman hayan comenzado por crearle una personalidad precisa con sus detalles más precisos. Son esos detalles los que apuntalan sus reacciones de hoy y le hacen convincente. Somos animales históricos; tenemos una coherencia generada en nuestro propio devenir.
La queja de los críticos de que usaron el "sentido del humor" es absurda porque es algo específicamente humano (y puede que alguna otra especie). Desde un punto de vista lógico y estratégico, todo lo que sirviera para que lo confundieran con humano es humano. Podían haber hecho un personaje agresivo y mal hablado, mordaz, etc., o haber elegido la estrategia de crear un personaje mentiroso, y hubieran sido igualmente humanos. ¿Acaso no hay gente así, mentirosa y agresiva? Lo importante es la coherencia con su propia historia, que sepa lo que deba saber en términos relativos a su propio devenir. Lograrlo es un gran reto intelectual y un enorme logro, como lo es escribir un personaje —un Hamlet, una Lady Macbeth— del que se pueda decir que es humano, el sentido artístico de creíble y coherente. Cuando no nos creemos un personaje sobre las tablas de un escenario decimos que es muy "artificial". El "Eugene Goostman" programado, en cambio, es natural.
Lo interesante del Test de Turing —de cara al futuro, cuando los programas estén más perfeccionados— será ver qué ocurre cuando los jueces del test comiencen a señalar mayoritariamente a los humanos que participan en la prueba como máquinas, concediendo mayor credibilidad a los ordenadores, es decir, que las personalidades programadas nos lleguen a parecer más naturales que las reales. No sé qué dirán los críticos entonces.



[1] "Un ordenador pasa por primera vez el test de Turing y convence a los jueces de que es humano" ABC-blogs "El Blog. Ciencia y Tecnología" http://abcblogs.abc.es/nieves/public/post/un-ordenador-pasa-por-primera-vez-el-test-de-turing-y-convence-a-los-jueces-de-que-es-humano-16362.asp/



* Joaquín Mª Aguirre es profesor de la UCM, crítico, editor de la revista de estudios literarios Espéculo y del blog El juego sin final. Su blog diario es Pisando charcos.

domingo, 1 de junio de 2014

Divagaciones sobre las palabras de los colores

Xiaoling Wang*
El ser humano no puede prescindir de los colores, pues rodean toda nuestra vida. Así que la lengua del ser humano tampoco puede separarse de los colores. Sin embargo, las palabras para designar los colores tienen un carácter de vaguedad que conduce muchas veces a una confusión en la comunicación intercultural.
En una de mis clases enseñé las palabras de los colores a los alumnos y encontré que para ellos el color “morado” y “violeta” no son lo mismo, que morado es más oscuro que violeta. Pero según la visión de los chinos, el morado es casi igual que el violeta; lo que llaman los españoles el color violeta para nosotros es más parecido al color azul oscuro.
El ojo humano es capaz de distinguir varios millones de colores en función de las condiciones de observación [1], mientras que las palabras son muy limitadas. Además, nadie puede distinguir exactamente en qué punto empieza el color rojo, ni en qué punto termina. Diferentes personas pueden señalar diferentes límites. Por ejemplo, la palabra del inglés “brown” tiene dos palabras correspondientes en idioma español, que son “marrón” y “pardo”. Pero el “brown sugar” en español se llama “azúcar negro” o “azúcar moreno”. Mientras que en chino, se llama “hóng táng (azúcar rojo)”.
Para esta confusión hay una solución simple. Primero, estas palabras provienen de las cosas concretas, o sea las existentes en la naturaleza. Por ejemplo, según la etimología, la palabra “blanco” viene del germánico blank, que era como los teutones se referían a sus caballos más claros. Y en el idioma chino, la palabra “hóng 红”, “rojo” en español, proviene del color de sangre o el sol.


Entonces, cuando no podemos describir u olvidamos cómo se llama este color, la buena manera para definirlo es con la ayuda de las cosas concretas. En el idioma navajo, que es un grupo de lenguas amerindias, no existe una palabra que resuma el color “negro”, sino dos palabras concretas para representar ese color – “oscuro como carbón” y “oscuro como la noche” [2].
Por otro lado, el problema más complicado es que los colores que se usan como símbolos, a menudo tienen significados culturales muy distintos. En la antigüedad en China, los colores fueron un símbolo de la posición social de la gente. Aunque hoy en día no tienen ese significado social, siguen teniendo un determinado simbolismo. Por ejemplo, a nosotros los chinos nos gusta mucho el color rojo, que se ha transformado en un símbolo de la cultura china. Esto se debe a que el rojo representa la suerte para nosotros o, mejor dicho, la buena suerte; si quieres asistir a una fiesta china, elige ropa roja.
Pero el significado de las palabras ha cambiado a medida que se ha desarrollado la sociedad. Algunas han obtenido una nueva connotación, mientras que otras la han perdido. En tiempos anteriores, en China había muchas palabras, que hoy en día no usamos, relacionadas con el caballo porque era un transporte muy importante en aquel tiempo. Respecto al color, el “rojo”, por ejemplo, tiene un significado diferente que antes. En la palabra “hóngqí 红旗”, el morfema “hóng” significa “rojo”, el “qí” significa “bandera”, entonces la palabra indica una bandera roja; sin embargo, en la palabra “hóngrén红人”, el morfema “hóng” significa “rojo”, el “rén” significa “persona”, pero la palabra no implica una persona roja, sino una persona muy popular; y en la palabra “yǎnhóng 眼红”, el “yǎn” significa “ojo”, el “hóng” ya sabemos es “rojo”, en lugar de referirse un ojo rojo, significa "envidioso".

Dongchuan, China, foto de Zhang Ning

Al iniciar el aprendizaje de las palabras de los colores, es fácil tener destreza en el aprendizaje de las elementales como blanco, negro, rojo, amarillo, verde y azul, etc., aunque cuanto más papel juegue el factor simbólico o cultural, más difícil será entender la lengua extranjera.
A mí me gustan las palabras de los colores, no sólo por las connotaciones que tienen, sino también porque se usan mucho en las obras de arte, por ejemplo en los poemas. A lo mejor es una forma que puede ayudarnos a aumentar los intereses sobre estas palabras, así que tendremos ganas de aprender más. Entre otros, uno de mis poetas favoritos es GuCheng [3]:

Una generación
la negra noche me da negros ojos,
yo los uso para buscar luz.
Abril de 1979



[1] EFE, El ojo puede ver millones de colores de día y solo en blanco y negro de noche, 08/09/2012, ABC.es.
http://www.abc.es/20120908/ciencia/abci-colores-201209081248.html
[2] Stephen Ullmann, Semantics: an introduction to the science of meaning, Oxford : Blackwell, 1962: 246.
[3] GuCheng (1956-1993), poeta chino.




* Xiaoling Wang es Pedagoga y Magíster en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid; realiza su doctorado sobre comunicación en la UCM.

Comer, beber, amar: la sociedad moderna y la ética tradicional de China.

Kai Zeng*
Una vez, en el restaurante de la Facultad de Ciencia de Información, pregunté a mi profesor: ¨en España hay muchos platos famosos como el cerdo asado, el jamón ibérico, la paella, las tapas, la tortilla, los mariscos, etc., ¿pero cuál es lo más representativo como símbolo de la comida española?¨. Mi profesor no me mencionó ninguna comida típicamente española, con una fama nacional o internacional directamente, sino que me dijo que en España había muchos platos buenos, todos estaban marcados por pueblos determinados, tenían relación con las situaciones del clima, los suelos, la hidrografía, la vegetación, la tradición y las costumbres de los residentes locales. Por ejemplo, en la zona de las montañas cubiertas de robles, la gente cría cerdos, así evolucionaba el jamón ibérico. En Madrid podíamos disfrutar de los mejores mariscos, porque aquí existían mercados exigentes bien abastecidos.

Eso me hace pensar en la misma situación en China, en una tierra vasta y antigua en la que hay ocho cocinas, representadas por miles de platos. En el norte de China, existen praderas, hay más ovejas y vacas; la gente cocina a menudo con carne de res y el cordero. En el sur del país, existen ríos y lagos, hay más acuicultura, aves de corral, a la gente le gusta comer pescado y pollo. En las zonas costeras, el pueblo está especializado en la cocina marinera. En el sur húmedo, a las gentes les gusta el picante con el fin de deshacerse de la humedad del cuerpo. En el norte prefieren la barbacoa y el vino fuerte para resguardarse del frío. Una comida es una expresión de la cultura; la forma de comer refleja nuestros valores y nuestra actitud hacia la vida.
La cena es como metáfora de la vida, una pequeña mesa llena de una amplia variedad de platos refleja nuestro sueño, deseo, amor y conflicto, describe nuestra relación personal y la realidad cultural y social. A través de la película Comer, beber, amar (1994), el director Ang Lee nos reconstruye unas escenas auténticas de la práctica cultural china. También muestra a todo el mundo el choque de los valores morales tradicionales entre oriental y oriental, entre tradicional y moderna.
Empieza por unos planos vivos: el aceite está hirviendo en la olla; las verduras, pescados, cerdos y pollos fueron cortados ordenadamente, el fuego y el humo están bailando; uno y otro plato salen mientras exhalan el aroma. En una cocina dentro de una casa, o una casa dentro de una cocina, el padre Zhu, un cocinero profesional, está realizando una carrera contra el tiempo para preparar la comida y espera el regreso de sus hijas. Las fotos colgadas en la pared nos cuentan el fondo de la identidad, la fama y gloria de este personaje.



En China hay un refrán: la comida es considerada por el pueblo como el cielo, también es traducida en español como: el hambre genera descontento. Un buen cocinero no sólo es el núcleo de la cocina, también es el protagonista de la familia, al igual que este hombre, el responsable de una familia monoparental. Las verdaderas comidas chinas están hechas a mano, por sus procedimientos engorrosos de preparación, no pueden ser fabricadas por la producción estandarizada. Cada plato es la cristalización de la sabiduría, la experiencia y la técnica de su propio cocinero; es su interpretación cultural y expresión emocional. Por eso, cada cena es incopiable, está identificada por el toque personal. A los jóvenes chinos les encantan los exóticos modernos como KFC, McDonald, etc. por su fama mundial, sencillez y rapidez, pero nunca olvidan el sabor de los platos preparados por sus padres durante sus infancias. En este sentido, para el padre Zhu, esta cena tradicional, típicamente original de China, es considerada como el vínculo emocional de su familia; significa la responsabilidad, esperanza y la atención de un padre para sus hijas.
Durante miles de años, por su forma y contenido, una cena tradicional china apoya la comunicación, organización y estructura familial de manera material y espiritual. Pero vale la pena mencionar que en la antigua sociedad de China el rol del cocinero familiar era realizado sólo por las mujeres. Hasta cierto punto, en el principio, esta división del trabajo era una forma para destacar el estado y la importancia de la mujer en la familia, pero con el desarrollo de la sociedad, evolucionó en el símbolo del machismo y del pensamiento feudal. En esta obra, sobre el configuración de rol, el autor no describe una relación entre la madre y sus hijos, ni entre la madre y todos los miembros de la familia; el papel de la madre de una familia china es reemplazado aquí por el padre. El concepto tradicional de una cultura feudal se rompe y está reconstruido.
La mayoría de las personas no rechazan las comidas deliciosas, pero en esta película se enfrentan a los alimentos preparados con cuidado por un maestro de cocina; las tres hijas tienen una apatía evidente, quieren escapar de esta casa. Una suntuosa cena parece que no puede retenerlas.


¿Por qué las cosas buenas llegan a ser redundantes? En mi opinión, la felicidad de la vida viene por la libertad de la humanidad, no debe ser atada por formas y estructuras tradicionales. El padre cocinaba para mantener una estructura familiar, aunque había perdido el sentido del gusto hacía mucho tiempo. Y sus hijas estaban evadiendo la responsabilidad del mantenimiento de las personas mayores y luchando para buscar la libertad de sus propias vidas. En este momento, cualquier comida refinada perdió su sabor. Afortunadamente, empezó la formación de la reestructura. La tercera hija parece tranquila y dócil; quedó embarazada del hijo del novio de su buena amiga. La primera hija, cristiana, se casó con no cristiano. La segunda hija, ambiciosa, más abierta, también es la primera persona que propuso su idea de salir de la casa, por fin volvió a lo tradicional; renunció y se convirtió en un ama de casa voluntariamente. El padre, el defensor de la forma, estructura, moral tradicional, salió de la casa y se casó con la hija de su vecina. Por fin, todos los personajes encontraron sus propias salidas. En el laberinto de una sociedad moderna, entre los occidentales y los orientales no hay diferencia, buscando una misma naturaleza humana, desean la libertad y el amor.
En la escena final, el sentido del gusto del padre Zhu fue restaurado; un corazón feliz y libre siente el sabor y la felicidad de la vida. Confucio dijo que la comida y el sexo estaban en la naturaleza humana. Los chinos no son apáticos. La película Comer, beber, amar ayuda a los chinos que se avergüenzan de expresar emociones para realizar una vuelta a lo esencial de la humanidad.



* Kai Zeng es Máster en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Realiza su doctorado en la UCM.