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jueves, 28 de septiembre de 2017

Buffy Summers, la elegida

por Joaquín Mª Aguirre (UCM)*
Me desperté en mitad en una de las calurosas noches del verano de 2016. Lo que había ante mí en la pantalla era una abrumada joven en la habitación de un psiquiátrico, acosada por los médicos que intentaban sacarla de un episodio de deliro. Los padres intentaban recuperarla de ese mundo que amenazaba con atraparla. En su delirio, la joven creía ser la elegida  acabar con un mundo de demonios, vampiros y todo tipo monstruos. Intentaban sacarla de aquel mundo de fantasía en el que vivía encerrada, desconectada de la realidad. En su delirio, la joven creía tener una hermana que nunca había tenido.
Despertarse y encontrarse ante el dilema de aquella joven torturada fue un auténtico choque. Ante mis asombrados ojos la joven elegía finalmente, por amor a sus extraños amigos, quedarse encerrada en el inquietante pueblo que servía de boca al Infierno. No era otro que Sunnydale, una tranquila localidad californiana a la que se había trasladado seis años antes, tras una violenta conducta que la llevó a ser expulsada de su instituto. La joven, llamada Buffy Summers, decidía sumirse en el horror y desconectar de la realidad.
Ese acontecimiento nocturno fue como una revelación. El programa era un episodio de la sexta temporada —como muchos habrán reconocido— de la serie creada por el guionista, productor y director Joss Whedon, uno de esos genios de la narrativa televisiva. La serie, pues, no era otra que "Buffy, cazavampiros" (Buffy, The Vampyre Slayer) y se cumple este año 2017 su vigésimo aniversario, una celebración por todo lo alto.
La cadena televisiva en la que vi el episodio aquella noche había hecho una extraña programación con la emisión de varios episodios de distintas temporadas en el día. De esta forma, me sumergí en la locura de intentar reconstruir un universo en el que los saltos temporales de una a otra temporada dibujaban un extraño recorrido. Lo más sensato: me hice con las tres primeras temporadas, después imparable con el resto, excepto con la séptima, una temporada esquiva que costó tiempo encontrar.
En estos tiempos en que tanto se ponderan las series televisivas y se reconstruye su historia tratando de encontrar los giros y transiciones, la crítica española está ignorando lo que ha sido uno de los grandes fenómenos de la televisión... y mucho más.
La serie comenzó en 1997 con una idea muy simple que a Joss Whedon le gusta repetir: muchas las películas de terror comienzan con una chica rubia a la que ataca un vampiro, un hombre lobo o cualquier monstruo. La idea de Whedon era: ¿qué ocurre si la chica se defiende y destroza al vampiro, hombre lobo o demonio? Una idea simple puede seguir siendo simple en función de las manos en las que caiga. Con esta idea se hizo un largometraje destinado a la gran pantalla que, pese a contar con Donald Sutherland como el instructor y vigilante de una atlética Buffy, no fue un gran éxito. Pero fue lo suficiente como para dar el permiso para hacer una primera temporada de de 12 capítulos para ver qué daba de sí.


Y lo que ocurrió fue, en términos televisivos, un milagro catódico. Alrededor de la serie se fue formando un creciente público. Lo que había comenzado como una especie de comedia adolescente con vampiros, demonios y noviazgos frustrados en el instituto de Sunnydale, fue convirtiéndose en un fenómeno social y televisivo bajo la batuta de Joss Whedon, rodeado de un puñado de entregados guionistas, productores y directores de los capítulos. Un férreo control de la serie por parte de Whedon aseguraba la unidad profunda de los capítulos más allá de los episodios.
A ello contribuyó, sin duda, una Sarah Michelle Gellar, una extraordinaria actriz por debajo de los veinte años que interpretaba a una recién llegada al pueblo en su primer día de instituto y a un puñado de compañeros, los menos populares. Expulsada de su anterior instituto, floja estudiante, Buffy es la "elegida", la caza vampiros, una en cada generación.
El gran acierto de Whedon, su genialidad, fue no pensar en una serie de adolescentes, sino comenzar con adolescentes. Las tres primeras temporadas son los tres años de instituto. Pocas veces han sido tan bien descrita esa durísima vida, con la crueldad sobre los débiles que en la serie.
La dimensión temporal que los guionistas dieron a los personajes —Willow, Xander, Cordelia, Joyce la madre, Gilles, Spike, Oz, Faith...— los convierte en seres vivos que arrastran sus errores y debilidades por el resto de su vida, que gozan de algo que se desvanecerá después como en la vida del resto de los humanos. Whedon ideó los inhumanos más humanos que han sido creados, como la diablesa Anyanka, que aprenderá a disfrutar de las miserias y grandeza de los humanos.
Terminado el instituto, la cuarta temporada nos mostrará los destinos de los que han ido a la Universidad y los que se han quedado por el camino. Dará lugar ese mismo año a un spin off, "Angel", con sus cinco temporadas (que merece la pena ver, con David Boreanaz y Charisma Carpenter), conectando Los Angeles con Sunnydale en distintos episodios en los que los personajes reaparecen entrelazando sus historias y mostrando que no estamos en dos series sino en un mismo universo, con una mitología común.

La vida de la protagonista dista mucho de ser la del glamour de las heroínas. Buffy tendrá que asumir sus responsabilidades por su hermana y dejar los estudios. La veremos trabajando en un burger para poder pagar facturas y hasta algún vampiro se negará a morderla por el olor a grasa que desprende su pelo en una de las mayores humillaciones a las que se ha sometido a una salvadora de la humanidad y a la vez uno de sus mejores gags.
El amor es esencial en la serie. Pocas veces se ha profundizado más en la oscuridad del amor que en las temporadas de Buffy y sus distintos novios. Ser la elegida no es fácil; es más bien un destino trágico que complica lo que a la protagonista más le gustaría, la normalidad. Pero el mundo tiene que ser salvado, aunque no lo merezca.
También el amor de Willow y Tara fue una gran anticipación en la presentación de una amor entre mujeres precedido del descubrimiento de su sexualidad. La homosexualidad femenina tendrá un tratamiento narrativo como no se había visto en una serie televisiva convirtiéndose en un elemento argumental. La sexualidad, como cualquier otro rasgo de los personajes, evolucionara con ellos, con su maduración, el auténtico secreto de la serie.
Buffy tiene un gran villano por temporada. Desde la segunda temporada, la serie tiene algunos de los mejores villanos de la historia de la televisión, personajes como no se han visto anteriormente ni después. Gloria, la malvada semidiosa aficionada a vestirse de Prada en su versión humana es una gran creación de la televisión; lo mismo puede decirse del alcalde de Sunnydale en la tercera temporada.
Hay episodios de Buffy que son antológicos. Para mí, "Zeppo" o "El cuerpo" son pequeñas obras maestras de la televisión, episodios que se pueden ver con una enorme frescura. "Hush!" fue premiado con un Emmy. Algunos señalaron la ironía de que le dieran el premio por un episodio "mudo" a quien había escrito muchos de los mejores diálogos para la televisión. Pero a Whedon le gustan los retos. Por eso se suele reservar la escritura de los principios y finales de las temporadas.
A diferencia de otras series que mantienen dentro de su definición genérica, Buffy tiene la libertad de jugar con los géneros y saltar de la comedia adolescente, a la tragedia, de las costumbres juveniles a su psique, centrándose en cómo la vida nos cambia y frustra, en cómo lo que deseamos se escapa y lo que anhelamos nos daña. Es un enorme canto a la amistad y una muestra de los altibajos vitales.

La serie es la demostración de un principio creativo: ama a tus personajes. Ámalos aunque sean imperfectos; no les abandones, síguelos. En los primeros minutos del primer episodio de Buffy se nos muestra una pareja que se cuela en el instituto. Todo nos hace pensar que él es un vampiro que va a acabar con la rubia, hasta que la rubia enseña los colmillos. Es Darla, una de las vampiresas que se mantendrá en los primeros capítulos. Darla reaparecerá en la serie "Angel" dando lugar a una de las temporadas más densas de la televisión en el final de la serie. No abandones a los buenos personajes, pero no los agotes; déjalos que crezcan y vivan y hazlos volver. Lo mismo ocurre con Cordelia, la creída chica popular del instituto de Sunnydale, que reaparecerá en "Angel" creando un maravilloso personaje. Del estereotipo inicial a un personaje esférico y admirable. ¡Qué decir de la transformación de la friqui Willow a lo largo de toda la serie! Todos están vivos porque cambian.
El soporte de la serie es el personaje de Buffy encarnado en una actriz única, Sarah Michelle Gellar, una mujer dotada para la comprensión de un personaje cuya definición es precisamente interna. Lo importante de Buffy no es lo que dice sino lo que calla, lo que sus ojos son capaces de decirnos sin una sola palabra, algo resaltado por los guionistas al señalar que comprendía todos los matices del personaje, que son muchos y crecientes. Matar vampiros y demonios puede ser una rutina.
Es su tragedia lo que apenas se nos revela en momentos de diálogos extraordinarios, que se encuentran entre los mejores de los escritos para la televisión. Whedon ha reservado esos maravillosos diálogos para cada personaje, para mostrarnos que hasta el que siempre se muestra como un payaso, como Xander, está dotado de una profundidad inmensa. Recuerdo un extraordinario diálogo entre Xander y Dawn que tiene como tema la "normalidad" de las personas y de cómo se puede ser extraordinario de muchas formas. Los diálogos sombríos sobre el amor y el deseo, sobre la manipulación del otro entre Spike y Buffy son espléndidos.
Sarah Michelle Gellar ya era una gran actriz, una ganadora adolescente de un Daytime Emmy por su papel en la serie All my Children. Con 19 años interpretó a la Buffy que debía tener dieciséis años. Ella se presentaba al casting para otro de los personajes, pero el buen ojo de Whedon para la selección de actores decidió. Ella sería Buffy, Buffy la cazavampiros, la elegida, de la que solo hay una en cada generación.


La serie hizo algo más que cambiar el destino de las chicas rubias y al dejar de ser mordidas por vampiros. Ahora que tanto se habla de la series de mujeres, pocos lo han sido tanto como Buffy. La serie acaba siendo una reivindicación coral de la feminidad. Sin embargo, Buffy queda silenciada.
Este verano he vuelto a repasar las siete temporadas, que casi he acabado. Puede que el año que viene haga lo mismo. Cada vez es una experiencia distinta y te permite apreciar las innumerables conexiones que Buffy mantiene entre capítulos y temporadas aumentando la complejidad de la historia.
En su cuenta de Instagram, Sarah Michelle Gellar puso el siguiente texto con motivo de los 20 años de la emisión primera de Buffy:

20 years ago today, I had the greatest privilege to bring Buffy to your tv screens for the first time. It was a long and challenging road to get there. First the movie, then a passed over pilot presentation, and eventually a mid season time slot on a little known network. That first season, we liked to think of ourselves as the little show that could. While we knew the potential, I don’t think any of us saw the lasting impact our show would have. As an actor, you wish for that one role where you can leave your mark and forever be remembered, with Buffy I got so much more. She’s a feminist challenge to gender hierarchy. Buffy may have been the Chosen One, but I was the lucky one. Thank you to Gail Berman for always believing there was a show in that movie. Thank you to Joss Whedon, for trusting me to give life to one of the greatest female characters ever created. Thank you to David, for always being my Angel. Thank you to James for understanding that while Buffy and Spike may have been love/hate, I have nothing but love for you. Alyson, as any woman knows, you are nothing without the love and support of great female friends, so thank you for being that. Michelle, you will always hold a key to my heart. Thank you to all the incredible actors for seven seasons of amazing performances. I would be remiss if I didn't mention the incredible crew that worked tirelessly (and also really tired) to bring this show to life. And lastly, but most importantly thank you to all of you, the fans. We made this show for you, and your unwavering support has kept this show going long past our seven years. You are everything. And always remember..."if the apocalypse comes, beep me" #buffyslays20


Entre sueños, he descubierto que Buffy ha vuelto. Ha vuelto a la programación. Una buena ocasión para seguir su historia. Hay una en cada generación, pero Buffy ha sido única. Por eso, si llega el apocalipsis, la llamaremos.


Joaquín Mª Aguirre es profesor de la UCM, crítico, editor de la revista de estudios literarios Espéculo y del blog El juego sin final. Su blog diario es Pisando charcos.. 

domingo, 1 de junio de 2014

Comer, beber, amar: la sociedad moderna y la ética tradicional de China.

Kai Zeng*
Una vez, en el restaurante de la Facultad de Ciencia de Información, pregunté a mi profesor: ¨en España hay muchos platos famosos como el cerdo asado, el jamón ibérico, la paella, las tapas, la tortilla, los mariscos, etc., ¿pero cuál es lo más representativo como símbolo de la comida española?¨. Mi profesor no me mencionó ninguna comida típicamente española, con una fama nacional o internacional directamente, sino que me dijo que en España había muchos platos buenos, todos estaban marcados por pueblos determinados, tenían relación con las situaciones del clima, los suelos, la hidrografía, la vegetación, la tradición y las costumbres de los residentes locales. Por ejemplo, en la zona de las montañas cubiertas de robles, la gente cría cerdos, así evolucionaba el jamón ibérico. En Madrid podíamos disfrutar de los mejores mariscos, porque aquí existían mercados exigentes bien abastecidos.

Eso me hace pensar en la misma situación en China, en una tierra vasta y antigua en la que hay ocho cocinas, representadas por miles de platos. En el norte de China, existen praderas, hay más ovejas y vacas; la gente cocina a menudo con carne de res y el cordero. En el sur del país, existen ríos y lagos, hay más acuicultura, aves de corral, a la gente le gusta comer pescado y pollo. En las zonas costeras, el pueblo está especializado en la cocina marinera. En el sur húmedo, a las gentes les gusta el picante con el fin de deshacerse de la humedad del cuerpo. En el norte prefieren la barbacoa y el vino fuerte para resguardarse del frío. Una comida es una expresión de la cultura; la forma de comer refleja nuestros valores y nuestra actitud hacia la vida.
La cena es como metáfora de la vida, una pequeña mesa llena de una amplia variedad de platos refleja nuestro sueño, deseo, amor y conflicto, describe nuestra relación personal y la realidad cultural y social. A través de la película Comer, beber, amar (1994), el director Ang Lee nos reconstruye unas escenas auténticas de la práctica cultural china. También muestra a todo el mundo el choque de los valores morales tradicionales entre oriental y oriental, entre tradicional y moderna.
Empieza por unos planos vivos: el aceite está hirviendo en la olla; las verduras, pescados, cerdos y pollos fueron cortados ordenadamente, el fuego y el humo están bailando; uno y otro plato salen mientras exhalan el aroma. En una cocina dentro de una casa, o una casa dentro de una cocina, el padre Zhu, un cocinero profesional, está realizando una carrera contra el tiempo para preparar la comida y espera el regreso de sus hijas. Las fotos colgadas en la pared nos cuentan el fondo de la identidad, la fama y gloria de este personaje.



En China hay un refrán: la comida es considerada por el pueblo como el cielo, también es traducida en español como: el hambre genera descontento. Un buen cocinero no sólo es el núcleo de la cocina, también es el protagonista de la familia, al igual que este hombre, el responsable de una familia monoparental. Las verdaderas comidas chinas están hechas a mano, por sus procedimientos engorrosos de preparación, no pueden ser fabricadas por la producción estandarizada. Cada plato es la cristalización de la sabiduría, la experiencia y la técnica de su propio cocinero; es su interpretación cultural y expresión emocional. Por eso, cada cena es incopiable, está identificada por el toque personal. A los jóvenes chinos les encantan los exóticos modernos como KFC, McDonald, etc. por su fama mundial, sencillez y rapidez, pero nunca olvidan el sabor de los platos preparados por sus padres durante sus infancias. En este sentido, para el padre Zhu, esta cena tradicional, típicamente original de China, es considerada como el vínculo emocional de su familia; significa la responsabilidad, esperanza y la atención de un padre para sus hijas.
Durante miles de años, por su forma y contenido, una cena tradicional china apoya la comunicación, organización y estructura familial de manera material y espiritual. Pero vale la pena mencionar que en la antigua sociedad de China el rol del cocinero familiar era realizado sólo por las mujeres. Hasta cierto punto, en el principio, esta división del trabajo era una forma para destacar el estado y la importancia de la mujer en la familia, pero con el desarrollo de la sociedad, evolucionó en el símbolo del machismo y del pensamiento feudal. En esta obra, sobre el configuración de rol, el autor no describe una relación entre la madre y sus hijos, ni entre la madre y todos los miembros de la familia; el papel de la madre de una familia china es reemplazado aquí por el padre. El concepto tradicional de una cultura feudal se rompe y está reconstruido.
La mayoría de las personas no rechazan las comidas deliciosas, pero en esta película se enfrentan a los alimentos preparados con cuidado por un maestro de cocina; las tres hijas tienen una apatía evidente, quieren escapar de esta casa. Una suntuosa cena parece que no puede retenerlas.


¿Por qué las cosas buenas llegan a ser redundantes? En mi opinión, la felicidad de la vida viene por la libertad de la humanidad, no debe ser atada por formas y estructuras tradicionales. El padre cocinaba para mantener una estructura familiar, aunque había perdido el sentido del gusto hacía mucho tiempo. Y sus hijas estaban evadiendo la responsabilidad del mantenimiento de las personas mayores y luchando para buscar la libertad de sus propias vidas. En este momento, cualquier comida refinada perdió su sabor. Afortunadamente, empezó la formación de la reestructura. La tercera hija parece tranquila y dócil; quedó embarazada del hijo del novio de su buena amiga. La primera hija, cristiana, se casó con no cristiano. La segunda hija, ambiciosa, más abierta, también es la primera persona que propuso su idea de salir de la casa, por fin volvió a lo tradicional; renunció y se convirtió en un ama de casa voluntariamente. El padre, el defensor de la forma, estructura, moral tradicional, salió de la casa y se casó con la hija de su vecina. Por fin, todos los personajes encontraron sus propias salidas. En el laberinto de una sociedad moderna, entre los occidentales y los orientales no hay diferencia, buscando una misma naturaleza humana, desean la libertad y el amor.
En la escena final, el sentido del gusto del padre Zhu fue restaurado; un corazón feliz y libre siente el sabor y la felicidad de la vida. Confucio dijo que la comida y el sexo estaban en la naturaleza humana. Los chinos no son apáticos. La película Comer, beber, amar ayuda a los chinos que se avergüenzan de expresar emociones para realizar una vuelta a lo esencial de la humanidad.



* Kai Zeng es Máster en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Realiza su doctorado en la UCM.

sábado, 28 de diciembre de 2013

El último caso de Sherlock Holmes

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La prensa se hace eco hoy de un hecho que puede ser calificado como histórico: la sentencia de un juez norteamericano reconociendo que Sherlock Holmes pertenece a la Humanidad, que ha pasado a ser de dominio público. El conflicto se había desatado, lógicamente, por el freno impuesto por parte de los herederos de cualquier intento de desarrollar los caracteres que Air Arthur Conan Doyle creó. Los herederos tienen sus derechos, lógicamente, pero la Humanidad tiene derecho a que el personaje sea suyo. Las novelas que están sujetas a derechos lo siguen estando y producirán sus beneficios, pero no es eso lo que cuestionan los que denunciaron las limitaciones, sino algo muy distinto.
Entre las declaraciones de las personas que han intervenido apoyando la iniciativa de Leslie S. Klinger, el editor que realizó los movimientos legales para ganar la figura de Holmes y rescatarla del control de los herederos, se encuentra la enviada al juez Rubén Castillo, el encargado del caso, por la novelista y profesora norteamericana Valerie Sayers. Hay algunos aspectos notables en sus argumentos. Sayers, novelista con reconocimiento crítico y ocho novelas publicadas, contrapone los personajes literarios con otros personajes de la cultura popular, como los que proceden de los dibujos animados (cartoons), personajes "planos" (flat), según la terminología que E.M. Foster acuñó en su estudio sobre la novela.

5. While the characters that populate cartoons and other entertainment media often have few or limited dimensions, a literary character such as Sherlock Holmes has the complex background and maturing emotions, thoughts, relationships and actions that characterize human development over time. When a series of stories or novels features the same character, one has to look at all the works in question to ascertain whether the character is fully created in the first work in the series, or whether the character continues to be created and developed over some or all of the works in the series. A bright-line rule that the main character in all of the stories was fully created in the first work in that series might comport with cartoon or flat characters, but does not comport with the creation and development of literary characters. A distinction I frequently make to my students is that readers look to many works of popular entertainment for reassurance that the world works exactly as they think it does. It is crucial in such flat works that characters do not alter dramatically. In literary fiction, by contrast, characters continue to develop, thereby frequently upsetting or surprising a reader's expectations.*

El punto señalado señalado por Sayers es relevante porque es el que determina el paso de la obra, el elemento concreto, discreto, al flujo de la cultura, un elemento discontinuo y dinámico. El conflicto de derechos que se derivan de la concepción propia de conjunción de visiones industriales y legales de la cultura nacidas en el siglo XVIII con la revolución burguesa, que hizo suya la novela, tiene ese punto de fricción: el encierro de los personajes cuya tendencia natural es al desarrollo, a desplegar su potencial en obras de los mismos autores o completadas por otros. Para Sayers lo literario se define por lo incompleto, lo que le asemeja a la vida humana misma, siempre incompleta, construyéndose en cada situación en la que se encuentra. Solo una concepción "esencialista" (como un "ente" inalterable) o "economicista" (como un "producto" acabado) del ser humano y, por analogía, de su representación artística pueden concebirlo de forma cerrada o conclusa.
La idea de Forster de que existe otro tipo de personaje, los "esféricos", capaces de evolucionar desde nuevas situaciones y no como una respuesta mecánica, se oponía a la representación clasicista de los personajes como "caracteres" y su uso didáctico. En cuanto que eran encarnaciones de virtudes y vicios, no necesitan "evoluciona", solo ser castigados o premiados en función de su naturales. El final de las obras se centraba en dejar claro a los lectores y públicos que la virtud era recompensada y el vicio castigado. No había nada mucho más allá. Por eso la novela revolucionó la percepción social al mostrar la diversidad psíquica e introducirse en sus meandros y oscuridades, al centrarse en el estudio de un ser dinámico, situado en las corrientes de la Historia.
Otro de los aspectos señalados por Sayers se centra en la idea de que una serie de narraciones no puede darse por conclusa más que de manera artificial:

6. When an author creates a literary character in a series of works, the character is a single continuously developing creation, not fully realized until the last story or novel about the character. The fully realized character is no more completely revealed in an author’s first story or first novel than a character in a single novel is fully revealed in the first chapter of that novel. To suggest that the character is “created” only in the first chapter or story is at odds with the reality that the writer continues to create the character through an entire novel or series. While a successful character is recognizable and memorable in the first chapter of any good novel, the rest of the novel continues to develop the creation of that character in multiple ways. To say that a complete character is present in the first chapter of a novel is akin to saying that a fully developed person is present at birth.*


La idea esencialista de personas y personajes podría ser explicada desde esa formulación final: decir que una persona está cerrada desde su nacimiento o que un personaje lo está desde el capítulo primero. No se entra, sin embargo, en lo que para mí sería la conclusión del razonamiento, al unir ambos: un personaje está incompleto porque también lo está aquel que lo ha creado. En efecto, la visión teológica que tenemos del acto de creación artístico —la palabra "creación" siempre se reservó para la divinidad— , nos hacer vernos en ese acto como completos, como el Dios de ese universo que creamos, del que disponemos a nuestra voluntad —recuérdese la famosa frase de Joyce al respecto—. Sin embargo, la historia que creamos debería ir en paralelo a nuestra propia evolución, algo que se percibe cuando los personajes son trasuntos del autor, que trata de reflejar en ellos la adquisición de conocimiento de la vida y experiencia. Piénsese en lo hecho en el cine por Truffaut con su personaje Antoine Doinel, encarnado por Jean-Pierre Léaud, que comenzó siendo un niño en Los cuatrocientos golpes (1949) y fue avanzando por la vida, al ritmo de Truffaut, año tras año, película tras película. El acto de creación se dilata en el tiempo acogiendo la propia evolución de su creador. No es la planificación futura, sino, por el contrario, un futuro abierto, humano.


No todos los personajes de los relatos cuenta con este potencial, evidentemente. Desde un punto de vista teórico podrían hacerlo, pero no lo hacen porque existe un componente de caja negra, podríamos decir, difícil de evaluar pero fácil de percibir: el deseo insatisfecho de quien lo recibe o, lo que es lo mismo, el de continuar dándole vida a través de nuevas creaciones. En última instancia, Sherlock Holmes sigue vivo por el amor de sus lectores, que llega a concretarse en nuevas obras, es decir, en el deseo de seguir leyendo, de seguir disfrutando de un placer al que no se renuncia por lo acabado de la obra. Nada fastidia más que fin de una obra que nos ha gustado plenamente.

Nuestras explicaciones económicas hablarían de mercados y de audiencias, del "mientras que el público quiera", etc., pero creo que se puede ir un poco más allá y hablar de fenómenos más cercanos a la estética y al gusto colectivo que al mero consumo. El fenómeno creciente del "fan fiction", el deseo de continuar la vida de los personajes que se les ofrecen mediante nuevas historias que producir y leer, es una muestra de las peculiares relaciones que mantenemos con nuestros objetos de deseo artísticos.
Esto ya no se reduce a un mero fenómeno de aficionados, sino que obedece a un deseo manifiesto, quizá el reverso de la angustia de las influencias que Harold Bloom detectó como elemento esencial que surge en la misma época a que nos referimos, el movimiento romántico. El enfrentamiento romántico con sus precedentes creativos era traumático. Hoy no lo vemos así en un mundo posmoderno, en el que el arte juega un papel distinto. De la ansiedad hemos pasado al gusto por la continuación, radicalmente diferente al placer imitativo de los neoclásicos. La cultura es vista como un cabalgar relevos entre postas.
En su undécimo argumento, Valerie Sayers reconoce el hecho de que lejos del cultivo de la originalidad, valor romántico por excelencia, y que los derechos legales cubren y amparan como fundamento de la propiedad de las ideas, ella se adentra en otra forma de creación de reconocimiento explícito de las influencias en vez de la represión psíquica que Bloom detectó. Sayers señala:

11. My decision to write multiple works featuring the same characters was influenced by my early reading such classic literary cycles as Sophocles’ Oedipus trilogy; ambitious detective fiction such as the Sherlock Holmes stories (and, later in my reading, the Adam Dalgliesh novels of P.D. James); and especially by William Faulkner's Yoknapatawpha novels and stories and their development of the characters in the Compson family. The range of this brief literary list suggests the range of literature in which the repetition of rich characters is possible. Even in such disparate examples—Greek tragedy, murder mysteries of the nineteenth and twentieth century, and modernist fiction—each of these examples is distinguished by the ongoing development of character complexity.*

Los ejemplos y precedentes que la escritora señala forman parte del tejido de la cultura y de ese deseo de desarrollo de la complejidad de los personajes, como ella señala. Lo importante realmente es que estos personajes complejos despierten el deseo de continuidad, que sean capaces de revivir a través del deseo, concretado en nuevas historias.
En cierto sentido, hay un componente de justicia poética en esto, pues los personajes como Holmes surgieron para el consumo popular y, sin embargo, se libraron del agotamiento lector que suele caracterizarlos por su renacer constante a través de muchas vías. La cultura siempre ha sido un sistema de reciclado; solo si se ponen barreras artificiales se impide esa reformulación y retorno que caracteriza a su dinamismo.


En los últimos tiempos me he dedicado a recopilar algunas viejas películas sobre Holmes y muchas de ellas no son casos desarrollados en las obras de Conan Doyle, sino verdaderas creaciones de los guionistas, que partieron de la base del personaje para establecer sus propios caminos. Muchas de ellas no son buenas prolongaciones y convierten en plano al personaje, que que queda reducido a un estereotipo, pero en otras encontramos matices y profundidades que ofrecen alternativas factibles al personaje. Es por esas posibilidadescrece.
por donde el personaje
Las dos series televisivas actuales sobre Holmes ("Sherlock" y "Elementary") y las dos películas cinematográficas interpretadas por Robert Downey Jr. y por Jude Law, dirigidas ambas por Guy Ritchie, son formas muy diferentes de abordar el personaje del detective. También lo son otras series que han derivado de ellas, como la popular  House, considerada dentro de la tradición. Hay muchos otros ejemplos de desarrollo en diferentes direcciones y tendencias. Con mayor o menor fortuna, más clásicas o más modernas, reproducen el gusto y el interés por un personaje que, aunque los jueces no lo reconocieran hasta ahora, ya formaba parte del imaginario colectivo. No es fácil contener a un personaje que ha demostrado que está por encima de su propia concreción literaria, que se renueva a través de las lecturas que despiertan el deseo de seguir dándole vida.
Sherlock Holmes también ha resuelto su último caso, el "1:13-cv-01226", número con el que estaba registrado en el juzgado de Illinois que ha concedido el paso del personaje a todos aquellos que quieran continuar sus aventuras.



* "AFFIDAVIT OF VALERIE SAYERS". Case: 1:13-cv-01226, Document #: 27-5 Filed: 09/10/13". THE UNITED STATES DISTRICT COURT FOR THE NORTHERN DISTRICT OF ILLINOIS / EASTERN DIVISION http://freesherlock.files.wordpress.com/2013/09/sayers-decl.pdf


* Joaquín Mª Aguirre es profesor de la UCM, crítico, editor de la revista de estudios literarios Espéculo y del blog El juego sin final. Su blog diario es Pisando charcos.




martes, 25 de junio de 2013

Richard Matheson y el darwinismo popular

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Acaba de fallecer el escritor y guionista norteamericano Richard Matheson. Cultivó casi todos los géneros de la literatura popular, pero fue sobre todo en la Ciencia-ficción en donde encontró la máxima popularidad dando dos obras maestras: Soy leyenda (1954) y El increíble hombre menguante (1956).
A diferencia de otros autores que aprovechan la Ciencia-ficción para desarrollar especulaciones sobre la Tecnología en un mundo futuro o las posibilidades que la Física moderna abre con sus múltiples interrogantes cuánticos sobre el Universo, Matheson se centró en el desarrollo narrativo de una idea más vieja pero que perdura: la lucha por la supervivencia en el marco de la evolución de la vida. No tuvo que recurrir a "agujeros de gusano", "multiversos", a las paradojas temporales ni a los efectos de viajar a la velocidad de la luz. Le bastó con crear historias de supervivencia retomando las aportaciones de Darwin complementadas por la genética posterior.
En El increíble hombre menguante traza la lucha por la supervivencia partiendo de la hipótesis de la transformación de un ser humano por la exposición a una nube radioactiva mientras toma el sol tranquilamente en su yate. Los efectos sobre su organismo invierten el proceso de crecimiento y comienza a menguar. Aquí acaba la fantasía; le sigue un riguroso y volteriano análisis de la transformación de su relación con su entorno, primero social —el rechazo y la pérdida de sus lazos afectivos— y después físico —la agresividad de la naturaleza controlada por el hombre hasta el momento—. La reducción de tamaño es el desencadenante para que se manifieste lo que hasta ese momento estaba latente: la violencia de la realidad en todos sus niveles. En cada uno de los escalones en que se convierten en su nuevo hábitat, el personaje descubre que tiene que luchar por sobrevivir. Elementos que estaban superados, le son mostrados ahora en su violencia —el apacible gato doméstico, la insignificante araña...— y ahora compiten con él intentado aniquilarlo. Es la mecánica ciega de la vida.


En Soy leyenda, otro agente exterior, producto de las guerras bacteriológicas ha alterado el equilibrio del sistema, haciendo que unas bacterias parasiten a los muertos humanos, a quienes manejan como marionetas sedientas de sangre, convirtiéndolos en vampiros, en "muertos vivientes". Uno de ellos, Neville, el último que queda de la especie humana, intenta inútilmente frenar el proceso desencadenado de competencia entre las especies. La especie humana, tal como la conocíamos, ya ha perdido en su carrera de la evolución. Solo sobrevivirán los que han podido adaptarse, los mutantes que pueden controlar los efectos de las bacterias y que dan lugar a una nueva humanidad evolucionada. La vieja humanidad es ya recuerdo, leyenda.

Matheson es un ejemplo de cómo la cultura popular transforma los discursos científicos en narrativos ajustándolos al imaginario del momento. La cultura funciona así a lo largo de la historia. Los discursos de distinto género son reinterpretados en nuevos ámbitos, acogiendo formas y motivos. Muchas veces son modificados para lograr síntesis con las que poder conjuntar las ideas nuevas con las viejas, las formas características de un campo con las de otro. La idea nuclear —en este caso, los mecanismos de la evolución— se inserta transformada en géneros tradicionales. El carácter agonístico del motor narrativo —el enfrentamiento, el conflicto que hace avanzar— adquiere un nuevo sentido en su marco explicativo, la lucha por la supervivencia, por la reproducción y los recursos disponibles.
No es el único campo. Pensemos en cómo las especulaciones de los físicos sobre las posibilidades de los viajes en el tiempo, desde la Teoría de la Relatividad, han desencadenado múltiples relatos populares —muchas veces realizados por los mismos científicos, como A.C. Clark, S. Lem, C. Sagan o el mismísimo I. Asimov— sobre los viajes en el tiempo y sus paradojas y consecuencias. De la idea científica surge el relato.
Darwin y Charles Wallace habían leído ambos a Robert Malthus y sus estudios sobre la población; a ambos les dirigió paralelamente hacia el desarrollo de una teoría de la evolución de la vida. Economistas, políticos y filósofos leyeron a Darwin y lo tradujeron a principios sobre la caridad, los impuestos o la eugenesia. Los artistas lo hicieron a su manera.

La cultura es un mecanismo de relectura constante, de reinterpretación permanente y de adecuación de unos campos a otros, de asimilación y reescritura. La "cultura popular" es el resultado de una traducción constante de los elementos que se producen en distintos tipos de discursos —teológicos, filosóficos, económicos, artísticos...— en capas especializadas para convertirlos en "asimilables" en el terreno que configura el imaginario colectivo: los mitos y narraciones.
Matheson recoge la teoría de la evolución y la personifica en una lucha entre humanos y "vampiros", cuerpos humanos colonizados por bacterias, compitiendo por los recursos de la Tierra, o nos muestra el regreso de un entorno hostil que el hombre había dejado atrás. Otros autores lo harán con especies que llegan del otros planetas, como hizo H.G. Wells en La guerra de los mundos, especies que en este caso serán derrotadas por ser incapaces de adaptarse al entorno.

Richard Matheson se dio cuenta, en un momento de su vida, que había estado dando cuerpo literario al mensaje evolucionista en su imaginación. La literatura, el cine, artes populares, habían acogido, en la lucha de sus personajes contra entornos hostiles, su interpretación de los mecanismos de la evolución de la vida.




* Joaquín Mª Aguirre es profesor de la UCM, crítico, editor de la revista de estudios literarios Espéculo y del blog El juego sin final. Su blog diario es Pisando charcos.